El caos político convierte a la economía brasileña en un «edificio en llamas»

Brasil va hacia una de las peores crisis económicas de su historia empujado por el coronavirus y por una inestabilidad política que está lejos de resolverse. La crisis sanitaria surgió en el momento en que la economía parecía dar alguna señal de reacción, tras años de recesión, pero la figura polémica del presidente Jair Bolsonaro y sus dificultades para liderar al país han contribuido a lo que puede volverse una fórmula explosiva. A diferencia de buena parte del mundo, donde el problema principal es solo sanitario, Brasil vive un momento político delicado, con cambios constantes de ministros y un rosario de peticiones de destitución del presidente, que pelea constantemente con el legislativo, la judicatura y con la prensa. El mandatario tiene, además, malas relaciones con gobernadores y alcaldes, entre otras cosas, porque quiere que la economía se abra, pese al aumento de muertes, cuando el país está en el epicentro de la pandemia.

«En este momento, es mejor dejar Brasil a los especialistas, los locos, los oportunistas de largo plazo o aquellos que no tienen otras opciones», concluye el economista Armando Castelar, en un informe de la consultora Gavekal Research, que comparó al país con un edificio en llamas.

Los efectos de la paralización
Con medidas de distanciamiento social y de cuarentena implementadas en varios estados desde mediados de marzo, la economía sigue sufriendo los efectos de la paralización, con una caída abrupta del PIB y un crecimiento vertiginoso del desempleo. Pero con más de 26.000 muertos y curva en ascensión, el país aún no tiene perspectivas claras de cuándo podrá normalizar sus actividades. Ana Paula Vescovi, economista jefe del Banco Santander en Brasil, subraya que el impacto económico de la pandemia y de las medidas de distanciamiento social ya son mayores que lo que se esperaba. El banco revisó sus proyecciones para el PIB de este año y del próximo, desde -2,2% y 1,7% a -6,4% y 4,4%, respectivamente. El viernes se supo que la caída fue del 1,5% solo en el primer trimestre del año, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE). El FMI, por su parte, prevé una caída del 5,3% este año, sobre la expectativa del 3% de contracción global, mientras que el propio Gobierno estima que será del 4,7%. Otros más pesimistas, como la consultora Genial Investimentos, ve un retroceso que puede llegar al 8,6%.

«Las medidas de distanciamiento social durarán más y la caída de la actividad económica por día de duración de las medidas es mucho mayor de lo que esperábamos. Además, los sectores menos afectados por la crisis del Covid-19 no deberían amortiguar lo suficiente el fuerte choque en la actividad económica», explica Vescovi en el último informe del banco. La crisis sanitaria ha elevado la deuda bruta del Gobierno con medidas de emergencia para ayudar a los más pobres, y peso a ello, no ha dado abasto para apoyar a los negocios, muchos en ritmo de quiebra. Y el real brasileño es una de las monedas que más se ha devaluado este año, con una pérdida del 30% frente al dólar estadounidense, que llega al 5,40 por real.

Para el equipo del Santander, la tasa de contagio se reducirá y las políticas de distanciamiento social deben relajarse a partir de mediados de junio en adelante, mientras que la economía brasileña estará plenamente operativa apenas en septiembre. La curva de contagios, sin embargo, que sigue ascendente a fines de mayo, ha llevado a los dirigentes a tener mucha cautela. El Gobierno de São Paulo, por ejemplo, prevé intentos de apertura en junio, pero bajo prueba.

En la visión de Vescovi, que trabajó en el equipo económico del Gobierno brasileño, las políticas adoptadas en este momento deben preservar parte de los empleos y de las empresas. Entre las medidas lanzadas, el ministerio de economía concedió créditos para el pago de sueldos de empleados de pymes, y asumió pagos de los desempleados y de los más pobres, que recibieron cerca de 100 euros durante la crisis. El Gobierno, sin embargo, no llegó a acuerdos con los bancos para hacer llegar créditos ventajosos a las pequeñas empresas. Una declaración del ministro de Economía, Paulo Guedes, durante una reunión ministerial que salió a luz la semana pasada, dejó claro que el sector no es su prioridad. «Ganaremos dinero usando recursos públicos para salvar grandes compañías. Pero no vamos perder dinero salvando empresas pequeñitas», dejó escapar el ministro en una frase que desanimó a los emprendedores.

El sector es responsable de más de la mitad de los empleos formales en Brasil (54%) y representan 99% del total de las empresas, según datos del Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae). En el sector de restaurantes, por ejemplo, uno de los más visibles para la población, la quiebra ya es del 20% y la expectativa hasta el fin del año, según la Abrasel, patronal del sector, es que solo la mitad de los comercios consigan mantenerse de pie, por la falta del apoyo gubernamental.

Vescovi confía, sin embargo, en que Brasil debe recuperarse al reanudar la agenda de reformas, especialmente la fiscal y con medidas de impulso a las actividades productivas, pues de alguna forma habrá conseguido preservar empleos y parte de las empresas.

La tasa de desempleo también debe elevarse, del 12,2% actual, a un 18,7 % hacia el fin del año, según cálculos de Silvia Mattos, coordinadora del boletín macroeconómico de la Fundación Getulio Vargas (FGV). Datos del Gobierno difundidos la semana pasada confirman la expectativa de perder tres millones de puestos de trabajo este año.

Bolsonaro contra el mundo
Aislado, peleando con el legislativo y bajo investigación por orden del poder judicial, Jair Bolsonaro viene reaccionando muy mal a las presiones de la vida democrática. El mandatario y sus hijos están bajo investigación en casos de corrupción que incluyen la supuesta producción de noticias falsas, que podrían haber contribuido a su elección en 2018. Las investigaciones y denuncias han alimentado una fila de pedidos de destitución, que lo han dejado aún más irritado y belicoso, con amenazas a autoridades y contra la prensa. Su estilo autoritario ha derribado a algunos de los hombres más importantes de su Gobierno, como el ministro de Justicia, Sergio Moro, el exjuez que lideró las investigaciones contra Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores (PT). Sus presiones a favor de la cloroquina como solución para la crisis sanitaria, generó la renuncia de dos ministros de Sanidad en menos de un mes. Su popularidad no deja de caer en picado.
Source: economia

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