La reflexión de una madre: «¿Por qué no puedo incluir la crianza de los hijos en mi currículum?»

El confinamiento, el teletrabajo y el colegio desde casa ha obligado a muchas familias a reinventarse. De la noche a la mañana, padres e hijos vieron interrumpida su rutina por culpa del coronavirus, poniendo al límite muchos hogares. Sin embargo, esta nueva situación ha permitido a los progenitores desarrollar otro tipo de habilidades que debieran ser tenidas en cuenta por los jefes a la hora de contratar a las madres.

Esta es la reflexión que hace Stephanie Murray en un artículo de opinión publicado en «The Guardian« bajo el título «¿Por qué no puedo incluir la crianza de los hijos en mi currículum?» ya que el confinamiento le ha servido, entre otras cosas, para perfeccionar ciertas habilidades muy necesarias también en el campo profesional como la paciencia, la flexibilidad o la multitarea.

Murray cuenta que, como muchas mujeres, dejó de trabajar tras ser madre por segunda vez porque económicamente no le era rentable.«No tuve un problema con la decisión», cuenta. «Soy muy consciente del valor económico de la crianza de los hijos. Estoy ayudando a crear capital humano, que representa dos tercios de la riqueza mundial y es un impulsor clave del crecimiento en nuestra economía», continúa.

Sin embargo, «cuando quiera regresar al mercado laboral, no tendré nada más que un vacío en mi currículo -continua-. Es un problema al que se enfrentarán muchas más mujeres debido al coronavirus y la necesidad de tomarse un tiempo libre y cuidar a sus hijos». Así, considera que un empresario, directivo o jefe debería «aceptar la crianza de los hijos como una explicación lógica de esa brecha, pero pocos lo aceptarían».

El hecho de que este aspecto no se tenga en cuenta es, para la autora, un error, ya que durante este tiempo, las madres «han perfeccionado una amplia gama de habilidades» como la paciencia, flexibilidad, la capacidad de ser más multitarea que nunca, comunicación, economía, o resolución de conflictos. «Me he vuelto más eficiente -asegura-. Puedo terminar tareas que antes me llevaban una hora en los 15 minutos que mis niños pequeños desayunan».

Murray también reseña que su capacidad de concentración «ha crecido exponencialmente». Y lo ejemplifica: «Puedo seguir una receta de 16 pasos con un bebé en mi cadera y otra cogida entre mis piernas cantando la canción de ‘Frozen’ en un bucle constante y fuera de tono». Todo ello le lleva a una clara conclusión: «No hay duda de que soy más dura mental, física y emocionalmente».

A pesar de todo ello, la crianza de los hijos no es vista como una ocupación labora
l. Sin embargo, «las profesiones relacionadas con el cuidado infantil sí -reflexiona- Por ello no entiendo la razón por la cual la función de cuidado infantil no remunerado de una madre no cuente».

Precisamente ha sido con el coronavirus cuando todo ello ha sido más obvio. La pandemia «ha obligado a los padres a asumir los deberes de cuidado de niños que anteriormente se subcontrataban a guarderías y escuelas, además de sus otros trabajos».

«Si bien muchas de las tareas de la paternidad tienen poca semejanza con un trabajo de oficina, el trabajo mental involucrado no es tan diferente. No solo cocino brócoli al vapor para mis hijos, sino que administro sus dietas. No solo tomo su temperatura cuando están enfermos, sino que vigilo su salud y desarrollo. Seguramente la investigación, la observación, la coordinación y la toma de decisiones reflexiva que esto implica tienen aplicaciones en otras formas de trabajo», opina.

Sin embargo, la realidad es otra y muchas mujeres son apartadas del mercado laboral porque su valor como profesionales «se deteriora» cuando se dedican a cuidar de sus hijos.

«Es difícil no preguntarse por qué la crianza de los hijos, al menos hasta cierto punto, no cuenta como experiencia laboral», insiste.
Source: Familia

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