La sonrisa de tela

Hasta hace poco el uso de la mascarilla sólo se exigía para unas pocas tareas: cirujanos, atracadores de bancos, dentistas, asistentes a fiestas de carnaval o tanapractores, que son quienes maquillan o embalsaman los cadáveres. De repente, la mascarilla es necesaria, no sólo para asomarse a un corazón encerrado tras el tórax, o para saquear la recaudación de una gasolinera, sino que es indispensable parta conducir un taxi o vender naranjas en el puesto de un mercado.

Al principio, la mascarilla se convirtió en el uniforme del rostro -o blanca o azul- pero una sociedad en la que algunos de sus componentes son capaces de hacerse un tatuaje en el brazo para que sea distinto al brazo del vecino, o que… Ver Más
Source: Opinion

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