¿Nueva Normalidad, o la dignidad de la normalidad y de la verdad

La normalidad es un bien preciado, un bien a proteger, pues va en ello la garantía del servicio a la sociedad para lograr el bienestar de todos, y para ello lo mucho que se debe trabajar, con equilibrio, responsabilidad, educación, mesura, transparencia, buscando el bien y la verdad.

Lo de «nueva normalidad» es una invención que nada tiene que ver con la normalidad. La normalidad es lo que es, o nunca será otra cosa, y nunca podrá confundir a nadie, pues ya somos mayores, y los más jóvenes saben lo suficiente como para entender también que es la normalidad, es más, no solo saben lo que es normal, sino que saben lo que no lo es, al igual que todos los demás.

Para algunos quizá nueva normalidad signifique utilizar la mentira para crear una nueva forma de entender la vida, las relaciones entre las personas, entre las familias ,entre las empresas, entre las instituciones, entre los gobiernos, es decir que la mentira y engaño sea la norma nueva con la que ha de vivirse y relacionarse, lo que regule las relaciones sociales , las leyes, los medios de comunicación, los acuerdos verbales y escritos, lo que regule el trabajo, el deporte, la cultura, el tiempo de descanso, la salud… lo que deban aprender nuestros hijos y nietos, y cualquiera que quiera venir a visitarnos de fuera.

¿Nueva normalidad es prometer en campaña no formar gobierno con quien nunca pactaría por no dejarle dormir tranquilo ni tampoco al 95 por ciento de los españoles, y después hacerlo?

¿Nueva normalidad es sumar necesarios apoyos para gobernar con quien está encarcelado por sedición, promueve desde las instituciones autonómicas ataques y desafueros contra la Constitución, con filoterroristas, y los mismos pactando en Navarra con el Gobierno autonómico – habiendo prometido también nunca pactar con ellos-, y con quien promueve referéndums de independencia de inspiración bolivariana?

¿Nueva normalidad es promover mesas ignominiosas paralelas a las instituciones para debatir las exigencias de independencia en la sede del Gobierno de la nación, y ahora, tras estos meses por la pandemia, asumir por las presiones para posibles prórrogas sanitarias – nada que ver entonces con la salud de los españoles -, la obligación de convocarla nuevamente?

¿Nueva normalidad es no informar a la ciudadanía de una pandemia con suficiente antelación tras todos los informes y conocimiento de ello -nos enteramos que borrando de la web oficial de sanidad alguno -, tal y como hizo el Primer Ministro italiano diciendo que si no lo hacía sería un crimen?

¿Nueva normalidad es mentir en la información diaria de la evolución de la pandemia, confundiendo datos de test; de ahora sí, ahora no, importancia de mascarillas, de ahora doy pasos a otras fases a una autonomía y a otra no, sin justificación de los informes de expertos y tampoco sabiendo quienes son, por tanto solo por cesión política, que no exclusiva protección de la salud; o lo que es trágico: hoy son dos mil muertos menos, y mañana doscientos más, diciéndolo además con esta falta de sensibilidad y respeto?

¿Nueva normalidad es no haber suministrado los necesarios equipos de protección a los sanitarios; suministrar nuevas mascarillas, y por fallidas contagiar una vez más a los sanitarios y ser un fraude, además de haber intervenido empresas sin domicilio o de muy dudosa reputación, incluyendo precios desorbitados, y todo ello constar en los medios de comunicación sin haber rectificación ni denuncia por si no fuera todo ello cierto?

¿Nueva normalidad es basarse públicamente en informes de reputadas universidades como Johns Hopkins, siendo la CNN quien desmiente al Presidente, acusándole de mentir, o citando a Oxford también en otro momento e igualmente mintiendo y no existir esos informes, o mentir en la calificación de la gestión de la pandemia en España, así como en la tabla de calificación de la OCDE, o que el New York Times diga que somos los que más sanitarios infectados tenemos del mundo, que han sido kamikazes, así como siendo epicentro España de la epidemia y permitir la manifestación del 8-M y que por otro lado analizando otros países somos los que trágicamente tenemos más muertos del mundo?

¿Nueva normalidad es no atender las demandas de los autónomos y no poner en práctica las medidas de contención del paro y protección de las empresas para prever las mejores acciones contra la crisis y además tal y como nos pide Europa ante la enorme ayuda que tenemos que solicitar, no ofrecer ninguna credibilidad y confianza para que nos puedan ayudar con garantía?

¿Nueva normalidad es pedir hace unos días un mes entero de estado de alarma, y después, ante la falta de apoyo, quince días, pero en paralelo sin saberlo el Congreso, y con nocturnidad, pactar con filoterroristas – que indignidad -, la derogación total de la reforma laboral, así que, entre otras cosas, impúdicas, resulta que la salud poco importa en relación a la aprobación de un nuevo estado de alarma?

¿Nueva normalidad es destituir a un Coronel de la Guardia Civil por cumplir la ley estrictamente, atacando el honor del Benemérito Cuerpo, y atacando la ley, por investigar lo ocurrido en una manifestación conociéndose que no debiera haberse producido?

¿Nueva normalidad es que un vicepresidente diga en sede parlamentaria hace dos días que está en juego la democracia y en declaraciones a la prensa extranjera, diga que la ultraderecha política y mediática quiere romper consensos y asumir formas de golpismo, y ayer en el mismo Parlamento decir que quieren dar un golpe de estado – por aquello de que una juez o la Guardia Civil cumpla la ley o en otra instancia judicial esté él mismo señalado-, cuando él ataca impunemente a la jefatura del estado, a la justicia, a la opinión libre, a la Constitución, a la libertad y a la democracia, desde el propio gobierno y además el Presidente no decir nada, en medio de la enorme tragedia de una pandemia y de la salud de todos los españoles?

¿Pero qué broma maquiavélica es esta, cuando lleva acumulados tantos desprecios a la Constitución, fomentando caceroladas, insultando al Jefe del Estado y cómplice de más insultos al Jefe del Estado y a España, día sí, día también en sede parlamentaria y fuera de ella, a través de sus socios sediciosos, encarcelados, filoterroristas e independentistas? ¿Estos extremadamente graves hechos repetidos y conscientes, desde el comienzo de la legislatura y desde el Gobierno, cómo han de calificarse, con el Presidente callado y sin corregir lo más mínimo a su vicepresidente y a sus socios? Resulta, que si una juez que investiga, un Guardia Civil, que se le cesa por cumplir la ley, expresarse libremente, manifestarse libremente con todas las medidas de seguridad sanitaria, es querer dar un golpe de estado, ¿qué es entonces la relación gravísima de hechos que cito antes, desde la vicepresidencia y con el silencio del Presidente? ¿un ataque golpista, este sí, desde su importante cargo institucional, – insólito en democracia -, por fases, sofisticado, maquiavélico, impune, encubierto, constante, con hechos diarios de mayor o menor intensidad, graduando los avances, desde el ejercicio y protección del poder, tal y como además consta en diversas manifestaciones públicas del vicepresidente, y que pueden verse publicadas en la hemeroteca y en sus planes estratégicos? Ustedes procediendo así no son demócratas, actúan como el sátrapa de Venezuela, al que enseñaron, y sus técnicas son para forzar todos los procedimientos legales, al igual que allí – ¿qué ha sido de la vicepresidenta de ese país teniendo prohibida su presencia en Europa y por tanto en España y saltarse el Gobierno de forma «ejemplar» el pacto europeo? -, e interpretarlos como mandatarios tiranos y absolutistas, y desde luego no conocen el honor. Rectifiquen y vuelvan a la cordura y a la democracia modélica que hemos sido hasta ahora, tan respetada por Europa y Occidente y ahora gracias a su sinrazón y locura colectiva en entredicho. Hoy nos enteramos de Nissan y miles de puestos de trabajo perdidos, y la gravedad que puede suponer sumar más salidas de empresas de ese sector y de otros, ante la negligencia e inseguridad que genera hoy España. Pedían, y se les dio, a cambio de nada, unidad y lealtad. La han despreciado y no ofrecen ninguna, e incluso hay una viceministra que lucha internamente para salvar la coherencia y evitar un sabotaje económico, pidiendo que no es momento de derogar la reforma laboral tras el ignominioso acuerdo de la semana pasada, con los filoterroristas, y también solicita la unidad y lealtad interna del propio gobierno que muestra día a día no tenerla. ¿Se puede calificar todo esto, con máxima objetividad – los hechos hablan – de espectáculo dantesco y vergonzoso que es el que estamos dando en Europa y en el mundo y también de cara a todos los españoles?

Si todo esto es y se llama «nueva normalidad», estamos en un verdadero problema, para el presente y para las futuras generaciones, disfrazando de pirueta semántica lo que es una inmoralidad, una falta de principios básicos esenciales, atacando los más mínimos preceptos del derecho natural, del comportamiento responsable y de las más mínimas normas éticas en el ejercicio del poder, que por un tiempo hemos delegado con el voto, pero no para malversarlo, y con ello atacando los fundamentos básicos de la democracia, y además, en medio de la pandemia, prescindiendo de los más mínimos fundamentos del respeto y dignidad de las miles de personas que han muerto y de sus familias. Es una auténtica indignidad. Justo el día que comienza el luto oficial donde algunos llevamos más de dos meses rigurosamente en él, otros desde el Congreso y siendo Gobierno mienten ignominiosamente a todos los españoles. Europa y el mundo civilizado observándonos un día como antes de ayer, donde ya nadie puede esconder la verdad de lo que nos está pasando, y ni siquiera se respeta públicamente el honor de miles y miles de muertos, los que siguen muriendo todos los días y de sus familias, y con ello, tampoco se respeta el honor de España. Todos los españoles de bien, piensen lo que piensen, insisto, piensen lo que piensen, las personas de todas las ideas que participaron en la transición ejemplar, de forma destacada también el partido socialista obrero español, en la Constitución y en la democracia, de todos los gobiernos hasta hace poco tiempo, mayores, mediana edad y jóvenes, admiradores y respetuosos de todo ello, así mismo preocupadísimos al conocer ya la verdad. ¿No sería lógico y sensato «reconstruir» dicha sensatez, coherencia, lógica aplastante, juicio sensato, actitud transparente y democrática, y el equilibrio necesario, acompañándose solo de los partidos que creen firmemente en la Constitución y solo quieren el bien de España?

Desde la sociedad civil, llamamos por enésima vez, a la responsabilidad, a la dignidad, a la libertad, a la Constitución, a la democracia y a la verdad. Esto es a lo que se llama normalidad. Cualquier otra acepción y consecuente actuación, como muestran los hechos, es una peligrosísima farsa, que la magna tragedia de miles y miles de muertos y que vive todos los días España entera, con los que siguen muriendo, no merecen. Por cierto, la nueva era, esa sí, en la que ya estamos, ha de ser presidida, sí o sí, y máxime con lo que estamos viendo, al igual que nos enseña, y tanto agradecemos todos los españoles, la Guardia Civil; por el honor, y por la verdad, como fundamentos ya indispensables de la libertad y de la auténtica democracia.
Source: abc

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