Salvemos a las empresas

Las medidas adoptadas a raíz de la pandemia están contaminando y distorsionando la actividad interna y externa de las empresas. La actividad exterior de España, reflejo de la competitividad de la economía, está siendo profundamente dañada. Ya pocos apuestan por una recuperación rápida y cada vez son más los que piensan que algunos cambios serán estructurales.

Debemos preservar el éxito más espectacular –y a pesar de ello más desconocido– de la economía española durante los últimos años, que no es otro que haber sido capaz de mantener durante nueve años consecutivos un valor exportado de bienes y servicios superior al valor importado. Este hecho no tiene antecedentes históricos y es de profunda relevancia económica. El excedente exterior permite la financiación de la actividad pública y privada, compensa parcialmente los déficits acumulados y es reflejo de una economía más robusta y competitiva.

La recesión en la que estamos inmersos puede acabar con el superávit exterior. El entorno global de incertidumbre derivado de la pandemia se ve agravado de manera especial en España. Se observan riesgos importantes para las exportaciones entre los que se pueden señalar los siguientes:

En primer lugar, caídas importantes en las exportaciones de servicios, especialmente los turísticos. Recordemos que España es el país más competitivo del mundo en turismo y viajes (WEF) y la parálisis en este sector repercute sobre toda la economía.

En segundo lugar, el resurgimiento de las tendencias proteccionistas se ve consolidado y agravado en esta crisis. Es probable que se incorporen nuevas restricciones al comercio internacional disfrazadas de requisitos sanitarios.

Tercer riesgo: el incremento de los costes del comercio asociados a la pandemia podría ser permanente. Costes tales como los controles aduaneros, los de transporte o los ligados a los contactos cliente-proveedor. Todo esto puede generar gastos de adaptación importantes para las empresas.

En cuarto lugar, la capacidad de aprovechar las oportunidades comerciales también se ha visto suspendida. Un efecto inmediato ha sido la interrupción de la realización de ferias, de la negociación de contratos y del lanzamiento de proyectos. Y esto afecta de lleno a las perspectivas de actividad exterior. La actividad de mañana son los proyectos de hoy.

En quinto lugar: los cambios en los modelos de producción, las modificaciones en las cadenas globales de valor –acortamiento en el número de pasos intermedios y mayor control sobre las empresas de la cadena– y la diversificación de riesgos están teniendo impacto sobre algunos segmentos esenciales de la cadena de producción, por ejemplo, en sectores tan importantes como el de automoción. La magnitud y la duración de las restricciones a la actividad empresarial puede ocasionar que muchas empresas no sean capaces de llevar a cabo la transformación y retomar su actividad.

Un sexto riesgo es el deterioro de la imagen exterior de España por la crisis. La falta de certidumbre en el diseño de la política económica, el elevado número de afectados por el virus y la «turismofobia» erosionan la imagen y competitividad exterior de España.

Estas circunstancias pueden hacer que a mediados de año volvamos a tener un desequilibrio con el exterior. Varios indicadores cuantitativos y cualitativos señalan el deterioro de las expectativas comerciales. Nuestras empresas lo han hecho muy bien en periodos de transformación –incorporación a la UE, moneda única, colapso del comercio mundial–, pero para que vuelvan a tener éxito necesitan el acompañamiento institucional y el entorno adecuado para desarrollar su actividad. Se está infravalorando la magnitud del reto al que nos enfrentamos y la necesidad de mantener la competitividad exterior de la economía española.

Se está infravalorando la magnitud del reto al que nos enfrentamos

Estamos a tiempo de repensar la estrategia. En este momento es imprescindible recuperar y mantener la imagen país, proporcionar apoyos institucionales que eviten el repliegue de empresas con presencia internacional y que favorezcan la adaptación de sectores clave como el turismo o la automoción. Es necesario impulsar la innovación, la digitalización, el comercio electrónico, las ferias virtuales y la red exterior española. La reactivación de la actividad internacional de las empresas debería ser, como lo ha sido en ocasiones anteriores, el detonante de la recuperación.

Juan De Lucio es economista y profesor de la Universidad de Alcalá
Source: economia

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