Una investigación cuestiona que la mayoría de la colección Gurlitt sea arte expoliado

Han pasado ocho años desde el espectacular hallazgo de la colección Gurlitt, las 1.500 obras de primer orden de la historia de la pintura que heredó el hijo del marchante de los jerarcas nazis, Hildebrand Gurlitt, y que había permanecido oculta en un piso de Schwabing, un barrio de Múnich, y una cabaña de montaña en los Alpes, hasta que los agentes de aduanas, con sospechas de una simple evasión de impuestos, hallaron por casualidad en 2012.

Los dos primeros años se fueron en catalogar y situar la colección, los seis restantes han servido para una investigación sistemática en busca de los propietarios legítimos de las obras, ya que se atribuyó a su origen el saqueo de los nazis. Pero los herederos no han aparecido. «Hay muchas lagunas», reconoce el historiador de arte Gilbert Lupfer, director del enlace externo de la Fundación Alemana de Arte Perdido en Magdeburgo, que concluye que la procedencia de mil obras de arte sigue sin estar clara.

«Hemos identificado catorce obras como arte expoliado –recuenta Andrea Baresel-Brand, también partícipe de la investigación–, pero no hemos podido confirmar, en el caso de más de mil de las obras confiscadas, que se trate de arte saqueado. Hemos podido etiquetar unos cientos de casos como poco sospechosos y hemos aprendido mucho sobre la colección. Cada uno de los casos de arte expoliado confirmados justifican la sospecha sobre la colección entera, pero el hecho es que sobre la mayoría de las obras no puede afirmarse que fueran objeto de expolio».

Cornelius Gurlitt era un particular. Antes de su muerte acordó, por contrato, que se examinara la colección y se sometiera a los Principios de Washington. Eso significa que cualquier trabajo cuya procedencia pudiera aclararse debería ser devuelto. Una vez catalogadas, las obras fueron expuestas para que posibles herederos las reclamasen, lo que no ha sucedido. Además, el equipo de investigadores ha tratado de seguir la cadena de propietarios en cada uno de los casos. «Lo que hemos ido viendo es que Hildebrand Gurlitt aprovechó todas las oportunidades para comprar arte. Sobre todo, en el mercado de arte de París», explica Baresel-Brand. «Pensamos que quizás podríamos centrar aún más nuestra atención en la investigación de procedencia en Francia –añade–. Y eso es lo que intentamos nuevamente en nuestra nueva publicación “Kunstfund Gurlitt – Wege der Forschung” (Hallazgo artístico Gurlitt – Caminos de investigación).

Una compleja investigación
«Las pesquisas se extienden también al Benelux, Países Bajos y Bélgica. Seguimos a una persona cuya identidad conseguimos aclarar: era un holandés que después trabajó como agente de Defensa y que a veces trató de intercambiar obras de arte. Gurlitt le compró varias cosas legalmente, lo que nos da pistas sobre cómo era el mercado artístico en ese momento», sigue Baresel-Brand. «No solamente había marchantes comprando a precios irrisorios, como sabíamos ya, sino también muchos otros que trataron de sacar partido de la situación. Por supuesto, había personas que malvendían sus pertenencias para sobrevivir o para huir, pero hubo también muchos otros agentes que compraban y vendían legalmente y a precio de mercado por interés, porque entendieron que ahí había dinero, en un momento increíblemente salvaje. Y eso complica enormemente las cadenas de propiedad y la investigación».

La investigación ha servido, además, para certificar que el Estado nazi, incluso como ocupante en el extranjero, fue muy meticuloso en el registro de todos los movimientos de propiedad de las obras, que fueron cuidadosamente anotadas y compulsadas. Pero sobre todo ha servido para legitimar, hasta nuevos hallazgos, su propiedad por parte del Museo de Bellas Artes de Berna. Después de la muerte de Cornelius Gurlitt, el 6 de mayo de 2014, el museo fue nombrado, en una controvertida lectura de testamento, su único heredero, y se hizo cargo de la propiedad, aunque se estipuló que la investigación de procedencia de las obras se llevaría a cabo de acuerdo con Alemania.

«Este caso ha cambiado el modo en el que las autoridades alemanas gestionan el arte expoliado, se ha academizado y sistematizado el trabajo de investigación», dice el periodista Stefan Koldehoff, experto en la colección Gurlitt. «Se han destinado grandes presupuestos a la investigación cultural y se han creado muchos empleos, pero no podemos olvidar que esta colección fue confiscada a un anciano sin ninguna base legal y que hasta la fecha no ha podido demostrarse un comportamiento criminal generalizado de su padre, de quien la heredó, porque el número de obras saqueadas ha resultado ser insignificante. A mí me falta en todo esto un poco de autocrítica por parte de las autoridades. Y tampoco olvido que los numerosos documentos en poder de Gurlitt, y que se encuentran en los Archivos Federales, no han sido publicados; no se han hecho públicos los nombres de los intermediarios». Koldehoff sospecha que «para muchas personas involucradas en el mercado del arte en la República Federal no fue una gran sorpresa la aparición de las obras, por lo que creo que la colección Gurlitt y su contenido debieron ser un secreto a voces en el mercado».
Source: Arte

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